Carmen Pierde la Confianza en el Servicio de Taxis

Durante la reciente manifestación del gremio taxista del SUTV, el ruletero José López lanzó un llamado público a la gobernadora Layda Sansores, exigiendo —según él— “voluntad política” para frenar el transporte irregular y suspender las plataformas digitales que operan en el municipio. Sin embargo, sus declaraciones vuelven a encender la polémica ciudadana sobre la verdadera crisis que enfrenta el sector taxista: el hartazgo social hacia su propio servicio.

Mientras los representantes del SUTV repiten discursos de victimización, aseguran que “cumplen la ley” y que también “tienen familias que sostener”, lo que no dijeron frente a las cámaras es que la mayoría de los reclamos provienen directamente de los usuarios, quienes llevan años denunciando malos tratos, tarifas abusivas, vehículos en pésimas condiciones y un servicio que consideran obsoleto y carente de calidad humana.

En redes sociales, en comentarios públicos y en conversaciones cotidianas, la percepción es casi unánime:
“La gente ya no quiere a los taxistas en Ciudad del Carmen.”

Los reclamos van desde choferes groseros, mal encarados, sin criterio de servicio, autos sucios, viejos, con olores desagradables y fallas mecánicas visibles… hasta cobros excesivos, selectividad en los traslados e incumplimiento de las tarifas oficiales.

Para colmo, hace apenas dos o tres meses el ARTEF aprobó el nuevo ajuste tarifario, pero con una condición clara: dejar de operar como transporte colectivo y ofrecer un servicio único, privado y punto a punto, tal como cualquier taxi formal debe trabajar.
La realidad es que muchos continúan funcionando como “combis improvisadas”, violando la disposición mientras exigen ser protegidos del mercado moderno.

Y mientras el gremio pide que se frene la competencia —particularmente plataformas digitales cada vez más preferidas por la población— la pregunta pública es inevitable:

¿Exigen respeto o temen quedar obsoletos?

Porque hoy, el mercado no lo decide un sindicato, lo deciden los ciudadanos.
Y el ciudadano ya habló: quiere seguridad, calidad, precio justo y respeto —algo que aseguran, no han recibido por años del gremio taxista local.

️ Testimonios Ciudadanos:

María “N”, 32 años, empleada de oficina:

“Los taxistas ya no representan una opción segura. Una vez me dejaron en media avenida porque no quise pagar lo que ellos ‘decían’ y no lo que marcaba la tarifa. Me hablaron grosero y me dijeron que buscara DiDi si no me gustaba. Ahora sí lo hago.”

Carlos “R”, 45 años, padre de familia:

“Los taxis parecen talleres móviles, huelen mal y muchos conductores van hablando por teléfono o manejando con una mano. Yo no arriesgo a mis hijos ahí. Prefiero pagar un poquito más donde me den seguridad y respeto.”

Paola “D”, 26 años, estudiante universitaria:

“He tomado taxis donde el asiento se mueve, las ventanas no sirven y me cobran como si fuera servicio ejecutivo, pero con trato de tercera. Luego se quejan de las plataformas, pero no hacen nada para mejorar.”

Eduardo “L”, 51 años, trabajador petrolero:

“Siempre dicen que tienen familia que mantener, pero uno también. ¿Por qué tengo yo que pagar tarifas infladas, malos tratos y esperar a que se les antoje llevarme? El cliente también es ser humano, no enemigo.”

Sandra “M”, 38 años, comerciante:

“Algunos taxistas creen que te están haciendo un favor. Ni uniformes, ni identificación visible, ni actitud de servicio. Si quieren pelear por derechos, primero respeten los nuestros como usuarios.”

Joel “A”, 30 años, repartidor:

“Te cobran como si fuera viaje privado y terminan llenando el taxi como combi. Si uno les reclama, se ofenden y te tratan peor. Así no se gana el cariño del pueblo.”

Resumen del sentir popular:

No se les critica por existir, se les critica por no evolucionar.
La ciudadanía no exige lujos… exige lo mínimo: respeto, limpieza, transparencia y cumplimiento de la ley.

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