Cancún, Q. Roo. — Ah, los clientes “de alto nivel”, esos que se sientan en restaurantes de lujo, piden como si no hubiera mañana, presumen tarjetas negras y relojes que jamás van a pagar completos… pero cuando llega la cuenta, se les olvida la dignidad, la clase y la vergüenza.
En RosaNegra Cancún, una cena promedio supera los $5,000 pesos. Pues llega una parejita de Instagram, ordena arrachera, pulpo, gin tonics, shots para las historias, pose, sonrisa forzada… todo perfecto para el feed.
Hasta que llega la cuenta.
Ahí ya no hubo sonrisa.
Ahí ya no hubo glamour.
Ahí nació el coraje fiscal interno del señor.
— ¿Y esta propina del 15% por qué está incluida? ¿Quién autorizó esto? — dijo, como si estuviera negociando el presupuesto nacional.
Se le explica: “Así se maneja el servicio aquí.”
Y entonces… el hombre hace su movimiento estrella:
Saca $100 pesos.
CIEN.
Por una cuenta de más de $5,000.
Sí, leyó bien.
$100 pesos.
Ni para una botella de agua en el mismo restaurante.
La respuesta fue clara y necesaria:
— Mire, o deja el 15% o mejor no deje nada. Pero no venga a humillar.
Y ahí empezó el show:
– Que si PROFECO,
– que si derechos del consumidor,
– que si esto es abuso,
– que si lo voy a denunciar…
Hermano, abusivo es pedir lujo y dejar limosna.
Abusivo es exigir trato VIP con corazón de tianguis.
Abusivo es creer que el mesero es tu sirviente, cuando el mesero es el que te salva la noche, la mesa y el ego.
Realidad simple:
Si puedes pagar cena de lujo, paga el servicio.
Si no, hay tacos al pastor y nadie se ofende.
Ustedes qué opinan?
¿Se justifica la propina sugerida?
¿O seguimos permitiendo que “la clase alta del WhatsApp” humille a quienes sí trabajan?
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